El cura nuevo by Antonio de Trueba — Read

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La aceña de Seldortun era en invierno y en verano el mentidero de la aldea. Generalmente los molineros de Vizcaya recogen en las casas y devuelven a las mismas molido el grano que semanalmente consume la familia; pero en Montellano no sucedía así, porque estando la aceña casi en mitad de la aldea y distando poco entre sí los cuatro barrios de que ésta se compone, las vecinas iban una vez a la semana a la aceña con el zurrón en la cabeza, esperaban a que se le moliera y volvían con él convertido en harina, que inmediatamente cernían, amasaban y cocían en el horno que toda casería tiene al lado. Así era que en todo tiempo y a toda hora, lo mismo de día que de noche, siempre había mujeres y aún hombres en la aceña de Seldortun esperando la molienda, bien dentro, en el saloncillo de las tolvas, o bien en la portalada a la que daban sombra dos enormes castaños, a cuyo pie había asientos hechos con muelas rotas.

Era por el mes de Agosto y apretaban los calores, y, sin embargo, después de anochecer desapareció de la portalada la tertulia trasladándose al saloncillo interior, donde todos hablaban en voz baja y no se oían las alegres carcajadas de costumbre.

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