Explore "Tragaldabas" by Antonio de Trueba on Textopian. Read with annotations and highlights.
La cura del alcalde consabido había dado a don Lesmes una reputación bárbara, y esta reputación crecía como la espuma con las admirables pruebas de acierto que cada día daba el ex-pastor. Si D. Lesmes decía: «este enfermo se muere,» el enfermo se moría, aunque su enfermedad consistiese en la picadura de una pulga; y si, por el contrario, decía: «este enfermo se salva,» el enfermo se salvaba, aunque su enfermedad consistiese en la picadura de una culebra de cascabel. El ojo de D. Lesmes era ya más célebre que el del boticario de la pedrada.
Cuéntase (y por sabido lo callara yo si no viniera tan a cuento) que cierto sugeto llamó a un médico y le dijo que estaba enfermo sin saber cuál fuese su enfermedad, pues no le dolía nada.