Explore "Sangre torera" by Arturo Reyes on Textopian. Read with annotations and highlights.
La fecha en que había de celebrarse la corrida se aproximaba; ya en los quioscos y en los cuadros anunciadores veíanse los carteles rojos y amarillos donde en letras de a tercia destacábanse los nombres de Antonio Heredia el Cartulina y el de Pepe Fajardo el Bienvestío.
Ambos novilleros no se cansaban de ver sus nombres en los carteles, y no pasaban una vez delante de uno de ellos que no se detuvieran a contemplarlos como en éxtasis; además, la afición no se ocupaba de otra cosa. Todos se sentían profetas; el papel de Antonio subía como la espuma; Antonio iba a quitarle la mar de moños a la mar de gente; indudablemente con el capote no estaba en condiciones todavía de eclipsar los resplandores del Gallo, pero matando, ¡Dios de los cielos! Matando no había quién le hiciera inclinar la cerviz ni besarle la porrilla.