Explore "El Escudo de Armas" by Edgar Wallace on Textopian. Read with annotations and highlights.
Anna no estaba acostada. Había estado haciendo el equipaje de un modo inconexo, desordenado. Estaba demasiado irritada para someterse a un método. Por la mañana saldría para Londres. Estaba asustada; tardó mucho en reconocerlo. Keller era algo nuevo para ella: el hombre primitivo, y ella no confiaba en su actitud para tratar con él. Jóvenes de diversas clases sociales se habían abarquillado bajo su precio; hombres de edad se habían tomado confusos y balbucientes. Ella había adquirido una gran confianza en sí misma, y la vida le había parecido un simple juego. Había algunas reglas que producían ciertas reacciones. Todo estaba asentado y «estandarizado», y resultaba pasmoso descubrir que había personas que ignoran los reglamentos y se niegan a conformarse a lo que para ella eran prácticas establecidas.
Era increíble, por ejemplo, que un hombre rechazado tan violenta y rotundamente como Keller, persistiera en sus propósitos. A la joven le atacaban estas tremendas transgresiones del Código, que ella conocía.