El secreto del alfiler by Edgar Wallace — Read

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Durante el desempeño de sus tareas profesionales, Tab Holland había hablado con el dueño del Golden Roof en dos ocasiones: la primera, a raíz de un pequeño escándalo que afectaba muy remotamente al restaurante (la mujer que fue objeto de la investigación de Tab había comido allí en una fecha memorable); la segunda vez fue a consecuencia de una información sobre el valor nutritivo de los alimentos.

Había sacado una impresión bastante deplorable del chino, pues se mostró muy reservado con él, hasta el punto de mostrarse taciturno y contestar monosilábicamente. Tab no sabía nada respecto al chino sino que era un individuo que había conseguido triunfar en la actividad a que se dedicaba. Hizo que Jacques le diese detalles, sabiendo que, si el jefe de la sección de noticias no podía satisfacer su curiosidad, era porque Yeh Ling no interesaba por ningún concepto. Jacques era una de esas personas a quienes se les piden siempre referencias: lo que se dice una verdadera «mina de información», especie que se suele dar en las redacciones de los periódicos. Conocía a todos los matrimonios y sabía que se habían casado. Sabía también por qué centelleaban las estrellas y la composición química de las lágrimas. Al hacer una cita de un clásico ante él, siempre podía enunciar la línea anterior y la posterior. Conocía la fecha de todos los terremotos importantes y era una verdadera autoridad en emperadores mogoles. Podía indicar con igual facilidad la posición del segundo ejército de Frossard en Rezonville el 17 de agosto de 1870, o la situación militar en el paso de las Termópilas. Los únicos que consultaban seriamente la Biblioteca de El Megáfono eran los redactores que trataban de desconcertar a Jacques, sin conseguirlo nunca.

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