Explore "La pista de la llave de plata" by Edgar Wallace on Textopian. Read with annotations and highlights.
El aturdido policía enseñó el camino hasta Baynes Mews y señaló la puerta ante la que había visto sentada la figura de Tickler. La puerta no cedió al empuje de Surefoot. Buscó en su bolsillo algunas llaves maestras que había sacado del puesto de Policía sin autorización y las probó en la puerta. A poco giró una llave de tal manera, que consiguió abrir la cerradura. Empujó la puerta, iluminó hacia arriba las polvorientas escaleras y subió, respirando fuertemente, hasta lo alto. Llegó hasta un descansillo, en que había una puerta en un tabique de madera. Intentó abrirla y de nuevo tuvo que recurrir a la llave maestra.
Sin una orden judicial no tenía derecho alguno a invadir un domicilio inglés; pero Surefoot nunca había dudado en saltarse la ley si era en interés de la justicia o para satisfacción de su curiosidad. Se encontró en un cuarto largo y casi desamueblado, a no ser por un armario grande, de tipo barato, una silla, una mesa, un gran espejo y un pedazo de alfombra.