Brenda by Eduardo Acevedo Díaz — Read

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A aquella misma hora, en la casa-quinta de la señora de Nerva, Brenda Delfor, después de haber acompañado a la anciana largos momentos en el patio, hacía su paseo de costumbre hasta el estanque y la choza, ya algo más tranquila sobre el estado de la enferma. La dolencia, declinando sensiblemente, tendía a desaparecer.

Caminaba la joven por la larga calle de arena del centro, reproduciendo en su memoria las impresiones sucedidas desde un mes atrás. Tenía la mente serena y el corazón sin congojas, sin duda porque sobre él llevaba a manera de talismán, la carta de Raúl. El baile en casa de Stewart; sus conversaciones con Henares; el episodio con de Selis; la actitud suspicaz y extraña de Areba; la enfermedad de su protectora; la partida de Raúl, y otros incidentes pasados, entretenían sucesivamente su pensamiento y la inclinaban a meditar con calma. Después del suceso con el doctor de Selis, la repugnancia instintiva que hacia él había sentido siempre, había tomado cuerpo y prevenídola para lo futuro. Sin embargo, en las reiteradas visitas que posteriormente hiciera de Selis a la quinta, mostrose ella inalterable, la misma que otras veces, comprendiendo que esto halagaba a la anciana viuda. Creía la joven que no sería compelida a un sacrificio, nunca, por razones diversas; la escena del lago debía haber persuadido a de Selis de la inutilidad de sus esfuerzos, aun cuando su conducta actual autorizase a sospechar de sus designios; y las revelaciones que ella hiciera a su protectora de su amor por Henares, parecían haber modificado los propósitos adversos a su destino, a juzgar por el silencio guardado desde entonces por la señora de Nerva. Las causas de amistad y estimación al doctor de Selis no eran tan poderosas que indujesen a aquélla a persistir en un enlace opuesto a su dicha. Aparte de esos motivos, ¿qué interés podía intervenir en la consumación de un acto tan violento y cuyas consecuencias no pudiese ella tal vez sobrellevar resignada? No lo concebía. Nunca pensó tampoco Brenda en un cálculo egoísta de parte de su noble bienhechora, al concertar una unión incomprensible; ni ocurriósele en ningún momento la idea de que ella llegaría a ser poseedora de una gran fortuna, a la muerte de la anciana. Con todo, el móvil que inspiraba a ésta, revelaba algún misterio. ¿Qué pensaría ella de Raúl? El concepto que se había formado del joven no parecía muy favorable, y así lo ponían en evidencia ciertas demostraciones elocuentes de que Brenda no había podido menos de condolerse. ¡Un misterio!…

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