Explore "Nativa" by Eduardo Acevedo Díaz on Textopian. Read with annotations and highlights.
El joven voluntario no tenía la práctica constante de los hombres camperos, y desde luego sus recursos ingeniosos para sobrellevar con paciencia los azares y amarguras de la vida de sacrificios. Las horas se hacen tardías y las jornadas abrumadoras, cuando la actividad se ejercita en campo raso y el peligro puede asomar por cualquier horizonte, sin minuto de descanso para el músculo aterido y sin instante de resuello para el caballo fatigado. Esas jornadas suelen ser insufribles al mismo jinete duro, según las contingencias de la marcha.
Durante el día, bajo la lluvia incesante y menuda que destempla las fibras y convierte los campos en un charco, desbordándose arroyos y "cañadas"; o llevando de frente el viento que ha levantado la helada de las vísperas, y que hiere como un látigo las carnes; por la noche, el suelo y la leña húmedos en la "cuchilla" desierta o a la orilla del bosque casi en esqueleto, el hielo que cubre poco a poco con su manto implacable todos los objetos hasta formar sobre ellos una costra dura semejante al vidrio ahumado, el lecho de caronas y de cojinillos tendido sobre la hierba mientras que el hombre en él dormido, bajo el poncho, se agita a cada instante sobresaltado al sentir que tiembla el suelo al tropel de una yeguada arisca, o que gruñen enconados los "carpinchos" disputándose entre el barro de la orilla sus amores.