Explore "Nativa" by Eduardo Acevedo Díaz on Textopian. Read with annotations and highlights.
Tal era el medio-ambiente en la reducida sociedad de su país, cuando Luis María, formada ya su conciencia de hombre, y trabajado por las insinuaciones y ruegos de su madre, propúsose modificar en parte sus hábitos de vida dándose a sí mismo una libertad que nunca había gozado.
Empezó a frecuentar algunos centros con violencia al principio, por predominar en ellos el espíritu de anexión que tanto le mortificaba; violencia que él llegó a reprimir en el interés de imponerse de los trabajos ocultos, aparentemente encauzado en la corriente de las ideas de entonces. Sentía un vivísimo anhelo por oír y orientarse en la cosa pública. Ni el teatro iluminado con candilejas, ni los bailes suntuosos de la casa de gobierno, a los que asistían las mujeres más bellas de la clase aristocrática, atraían su atención. De una gravedad precoz y de un carácter tan estoico y firme, cuanto eran de dúctiles y maleables los de aquellos que primaban en esos centros, el joven rehuía todo entretenimiento fútil, pasaba casi inapercibido para los que se creían hombres de observación y sagacidad, y era inabordable para los necios y los tontos. De ahí que por aquéllos se le mirase por encima del hombro; y por éstos, con esa prevención hija del rencor y nieta de la envidia, así capaz de inventar la calumnia en cualquier momento, como de escupir al mérito por exceso de imbecilidad. Luis María ponía oídos sordos a esas animosidades, buscando siempre informarse en las mejores fuentes acerca de la marcha futura de los sucesos y de la actitud que asumirían ciertos personajes en un instante dado.