Explore "En casa del oculista" by Dimitrios Vikelas on Textopian. Read with annotations and highlights.
La puerta se abrió al fin. Se abrió y entró en el comedor una mujer del pueblo, de unos sesenta años poco más ó menos, que acompañaba á un isleño todavía más viejo.
La vieja era de pequeña estatura y se la hacía aun menor el llevar al lado al anciano, de alta presencia, cuya mano izquierda tenía ella fuertemente asida. El viejo se apoyaba además en un grueso bastón. Por el modo con que con él golpeaba el suelo, por su cabeza echada hacia atrás y el pecho saliente, como si temiera chocar con algún obstáculo imprevisto, por la vaga mirada de sus ojos abiertos desmesuradamente, por todo en fin, se conocía al punto que era completamente ciego.