Explore "A fuego lento" by Emilio Bobadilla on Textopian. Read with annotations and highlights.
Don Olimpio adornó el comedor lo más suntuosamente que pudo. En el centro de la pared, ornado con ramas, flores y banderas, colocó el retrato de Bolívar, y a cada uno de los lados, reproducciones borrosas de fotografías de Washington y Páez. Esmaltaban la mesa, que era de tijera, jarrones de flores inodoras, de un amarillo y escarlata lesivos a los ojos. La vajilla, de lo más heterogéneo, se componía de platos y copas de todos tamaños y colores. Gran parte era prestada. Los cubiertos, unos eran de plata Meneses, y otros de plomo con cabos de hueso.
Los sirvientes, aturdidos, no daban pie con bola. Al doctor Baranda le quitaron el plato de sopa cuando aún no la había probado, y en lugar de tenedor, cuchillo y cuchara, ponían a unos tres cucharas y a otros tres cuchillos o tres tenedores. Doña Tecla les hablaba sigilosamente al oído, y se quejaba en voz alta del servicio, suplicando al doctor "que dispensase". Alumbraban el comedor lámparas de petróleo, al través de cuyas bombas polvorientas bostezaba una luz enfermiza alargando de tiempo en tiempo su lengua humosa por la boca del tubo. Una nube de insectos revoloteaba zumbando alrededor de las luces, muchos de los cuales caían sin alas sobre el mantel.