Explore "A fuego lento" by Emilio Bobadilla on Textopian. Read with annotations and highlights.
¡Qué mundo tan divertido el que recibía los sábados la Presidenta en su casa! Monsieur Garion, un cornudo; la señora de Páez, una adúltera; Zulema, un turco jugador y corrompido; mademoiselle Lebon, una medio virgen; mistress Galton, una norteamericana que, mientras el marido se mataba trabajando en Nueva York, se divertía en París, gastando como una loca y pegándosela con todo bicho viviente; monsieur Maigre, un peludo poeta decadente, con más grasa en el cuello de la camisa que inspiración en los versos; madame Cartuche, una jamona sáfica, de quien nunca se supo que tuviese que ver con ningún hombre; monsieur Grille, un mulato escuálido y pasudo, diputado por la Martinica, antiguo amigo de Baranda; Collini, un pretenso barón italiano, de inconfesables aficiones; monsieur Lapin, un violinista cuya cabeza parecía una esponja.
Mistress Galton no hablaba sino de modistas y carreras de caballos. Maigre no decía dos palabras sin citar a "su maestro" Verlaine; Grille se jactaba de sus quiméricos triunfos parlamentarios, y Collini cantaba las bellezas de Nápoles y Capri, saboreando mentalmente un plato de macarrones. El violinista no hablaba; arañaba las tripas.