Explore "A fuego lento" by Emilio Bobadilla on Textopian. Read with annotations and highlights.
Estaba París insoportable, de día, sobre todo. De las alcantarillas salían ráfagas pestilentes que obligaban a taparse las narices. Las calles despanzurradas, mostraban sus tripas pedregosas. Las montañas de tarugos negros y las enormes y humeantes calderas rotativas de asfalto hirviente interceptaban la circulación en muchas de las principales arterias de la ciudad. En casi todos los barrios se veían andamios y albañiles, carros que arrastraban cantos ciclópeos y se oían martillazos estridentes sobre hierros y maderas, chirriar de sierras que cortaban piedras, rechinar de grúas, y gritos y latigazos de carreteros.
Una llovizna de cal flotaba en el aire caliente. Los teatros estaban cerrados y sólo los music-halls de los Campos Elíseos y el Moulin Rouge alegraban las primeras horas de aquellas noches cálidas de Agosto. No quedaban sino los pobres y los extranjeros, inglesas desgalichadas de canotier, que recorrían los museos con el Baedeker en la mano o pasaban en pandillas, alargando sus cuellos de cigüeñas, en los breaks de la Agencia Cook.