Read "La hermana de la caridad" by Emilio Castelar online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
Eduardo padecía el delirio de los sentidos. Andaba ciego y perdido su corazón por un despeñadero, que pronto había de dar con él en obscuro y profundo abismo. Era enemigo de las empresas fáciles, y se empeñaba por lo mismo en atraerse los favores de aquella mujer, que, pronunciando la palabra amor, buscaba, sin embargo, cuantas ocasiones podía de humillarle a sus propios ojos. Margarita, dama de corte, muy dada a todo linaje de devaneos, sentía por Eduardo una especie de afecto que no había podido nunca satisfactoriamente explicarse. Ella, que gustaba ver pasar como sombras fugaces sus amantes, tan fugaces como los rápidos placeres del sentido, había posado su pensamiento en aquella frente pura y joven. Ella, que, anhelante siempre de goces, no sentía nada que fuera grande, imperecedero, ninguna de esas pasiones que se alimentan de las ideas, del espíritu, de la vida interior; ella, que se reía de cuantos pronunciaban la palabra amor, llegó a querer a Eduardo con pureza; como si la palabra del joven le hubiera abierto un mundo desconocido y maravilloso.
Sin embargo, alma corrompida, Margarita quería poner hasta las buenas pasiones al servicio de sus caprichos o de sus cábalas.