Read "La hermana de la caridad" by Emilio Castelar online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
Mientras tanto pasaba el tiempo, y el Rey no venía. Los cortesanos comenzaban a impacientarse; Margarita a sentir profundísimo dolor en el corazón. Los mismos que poco antes la adulaban, iban poco a poco apartándose de ella y dejándola en el vacío. Por todo el salón se hablaba de la caída de aquel grande y colosal poder. Unos atribuían tamaña desgracia a haberse hecho ya demasiado públicas algunas de las faltas de Margarita; otros, a haber visto de mal ojo el Rey algunas ideas no muy sanas vertidas por la joven, sin gran madurez, en la corte. Mas ¿quién es capaz de averiguar los secretos del corazón de un rey absoluto? ¿Por qué Felipe II aborreció a Antonio Pérez? ¿Por qué cayó de su gracia la Princesa de Éboli? ¿Por qué fue arrojada ignominiosamente de la corte de Felipe V la omnipotente Princesa de los Ursinos? La historia da a estas peripecias razones más o menos inverosímiles, más o menos fundadas; pero el secreto, lo que pasa en el corazón de esos reyes, sólo puede saberlo Dios. No hay que decir que ésta es o aquélla la causa; la verdadera, la única, la indispensable causa, está, sin duda, en el corazón de los reyes; allí, y sólo allí, tienen su raíz todos estos acontecimientos. Margarita se sintió ya herida; echó mano al corazón, y el corazón destilaba sangre, y en sus ojos resplandecía ya el fulgor de la venganza. Desde que se convenció que su desgracia era cierta, hizo callar la gran lucha empeñada en su corazón y en su conciencia, y se decidió a romper con sus brazos las olas de los adversos sucesos.
Cuando todas estas ideas y todos estos sentimientos la agitaban como caña combatida por los huracanes y por la tempestad; cuando su ansiedad crecía; cuando un gran rumor, semejante a los preludios de esa terrible sinfonía que se llama tempestad corría por todo el salón, anunció a un gentilhombre de S.