Read "La hermana de la caridad" by Emilio Castelar online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
Eran las altas horas de la noche. Todas las ventanas de Nápoles estaban cerradas. Nápoles dormía. Por aquellas calles no pasaba un alma viviente. Sólo de vez en cuando se oía rodar algún coche de algún gran señor que volvía de sus bailes, de sus fiestas, de sus tertulias. El único bulto que pasaba por las calles era el celoso y receloso centinela del poder del Rey; el agente de la policía napolitana, que cuidaba del sueño de la ciudad. En el palacio de Margarita, sin embargo, había una ventana abierta. Detrás de la ventana dos seres atisbaban la calle, como esperando a alguien con gran anhelo y cuidado. Eran Eduardo y Margarita.
-¿No viene? -preguntaba con anhelo Margarita.