Read "La hermana de la caridad" by Emilio Castelar online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
Momentos después, y cuando Eduardo hubo recobrado los sentidos, saliéronse del calabozo el sacerdote y los esbirros, y los dos jóvenes se quedaron solos. El sacerdote iba á dar á Margarita, que debía ser ajusticiada dos horas después, la feliz nueva de su salvación. Angela, así que vió que se había quedado sola con Eduardo, se dirigió a la puerta para dejarle solo; pero Eduardo, interponiéndose y cortándole el paso, exclamó:
-¡Ah! Angela, Angela; una palabra.