La hermana de la caridad by Emilio Castelar

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Margarita se quedó, en efecto, como había dicho Angela, abandonada á sus remordimientos. Sentir remordimientos, podía ser una prueba de que la razón y la virtud habían triunfado en aquella ciega y empedernida alma. El dolor puede ser el mensajero de una gran revolución en el espíritu. Si las palabras y el ejemplo de Angela no la movían á un pronto arrepentimiento, Margarita estaba perdida sin remedio. ¿Será más contagioso el mal que purificadora la virtud? ¿Una joven pura no podrá estar en un lupanar sin mancharse de barro, y una joven impura podrá estar en medio de la virtud sin sentirse inspirada de un anhelo á la perfección, ó al menos de un dolor punzante por su pasada vida? Yo no creo, no puedo creer eso. Creo que el ejemplo de la virtud puede mucho en las almas; creo que estamos obligados á ser buenos, á cumplir con todos nuestros deberes, no sólo por ser ley de Dios, ley de la conciencia, deber riguroso y no bien tan amable en sí y tan dulce, sino también por no dar ni malos ejemplos ni malas enseñanzas á los que nos rodean y viven de nuestra misma vida.

Por esto creo con firmeza que aquella atmósfera de virtud, aquella luz que hería la frente de Margarita, aquella voz, el alma de Angela, que purificaba el aire, debían purificar también el alma, el pensamiento, el corazón de Margarita, no de otra suerte que los gases por el día desprendidos de los árboles oxigenan la atmósfera.

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