Read "La hermana de la caridad" by Emilio Castelar online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
Una tarde estaba Margarita con las Hermanas de la Caridad en el convento de Nápoles, hablando de lo terrible y nunca visto del temporal que había azotado las costas del Mediterráneo, y de la seguridad que tenían de que el buque en que iba Angela había naufragado, y se había perdido el santo modelo de la inefable caridad, la hermosa Angela. Al hacer estas reflexiones, al recordar la posibilidad de este naufragio, las infelices mujeres lloraban amargamente. La pérdida de aquel ángel de paz y caridad era, en verdad, digna de todo el dolor que le consagraban aquellas infelices mujeres. Mientras el temporal duro, el hospital se había convertido en una casa de oración, en un templo. Los niños que aun no sabían balbucear el nombre de Dios, los ancianos encorvados ya hacia el sepulcro, el enfermo más azotado por el dolor, el moribundo que no podía retener el último suspiro que se le escapaba del pecho, todos, olvidados de sí y de sus dolores, se dieron á rogar á Dios por la salvación de todos los que navegaban en aquellos terribles momentos, y muy especialmente por la salvación de Angela.
Cuando la tempestad se calmó y fueron vomitados por el mar tantos despojos, tantos cadáveres, quillas rotas, despedazadas tablas, restos del gran naufragio, todos, absolutamente todos los que el hospital y el convento habitaban, y la mayor parte de los pobres de Nápoles, lloraron muerta á Angela, como se llora á una persona amada; y en verdad, aquella mujer era individuo de una gran familia, hermana de todos los pobres, de todos los desgraciados, de todos los que lloraban en la tierra.