Explore "La bola" by Emilio Rabasa on Textopian. Read with annotations and highlights.
Procuraba yo en vano aliviar y contener la inquietud y desazón de que estaba poseído, y a las cuales acudían con no poca frecuencia Minga y su madre, ya separándome de la ventanilla, ya impidiendo que quitara la tranca que sujetaba la puerta, y que inconvenientemente quería yo a cada momento apartar, ya haciéndome regresar del patio por donde pudiera escaparme, a no estar constantemente vigilado.
-¡Qué tal el Don Abundio! -decía Minga con mofa-; ¡Fíese de él! Pero no tenga cuidao, que ora ya no deja ir a la niña.