CAPÍTULO 16
LIBRO IV
Que prosigue las riquezas del entierro y el depósito de armas que en él había
CAPÍTULO 16Visible text2 paragraphs
Bajando la vista del techo abajo, vieron nuestros capitanes y soldados que por lo más alto de las cuatro paredes del templo iban dos hiladas, una sobre otra, de estatuas de figuras de hombres y mujeres de común tamaño de la gente de aquella tierra, que son crecidos como filisteos.
Estaban puestas cada una en su basa o pedestal, unas cerca de otras en compás, y no servían de otra cosa sino de ornamento de las paredes porque no estuviesen descubiertas por lo alto sin tapices.
