Explore "La mujer del César" by José María de Pereda on Textopian. Read with annotations and highlights.
Aquella misma noche se hallaban alrededor de la chimenea en casa de Isabel, esperando a que ésta diera la última mano a su prendido, la marquesa, su marido, Carlos y Ramón. La primera, hecha una verdadera lástima de encajes y pedrería; el segundo, de rigurosa etiqueta; Carlos, de bata y pantuflas, y Ramón como siempre. El marqués revolvía los tizones; su mujer miraba sin pestañear los monigotes de la chimenea; Ramón no cabía en la butaca, de desasosiego, y Carlos, más pálido y ojeroso que nunca, miraba cómo se retorcían las cintas de fuego entre los tizones, que se iban consumiendo a su contacto, como la humana vida entre las malas pasiones. Ninguna conversación llegaba a formalizarse allí, por más que el marqués las apuntaba de todas clases, y Carlos trataba de conjurar aquella monotonía recordando a la marquesa su perdido pleito. Así se pasó una hora.
Al cabo de ella apareció Isabel.