La hora de todos y la fortuna con seso by Francisco de Quevedo y Villegas

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La imperial Italia, a quien sólo quedó lo augusto del nombre, viendo gastada su monarquía en pedazos, con que añadieron tan diferentes príncipes sus dominios, y ocupada su jurisdicción en remendar señor-los, poco antes desarrapados; desengañada de que, si pudo con dicha quitar ella sola a todos los que poseían, había sido fácil quitarla a ella todos lo que sola les había quitado; hallándose pobre y sumamente ligera, por haber dejado el peso de tantas provincias, dio en volatín, y, por falta de suelo, andaba en la maroma, con admiración de todo el mundo. Fijó los ejes de su cuerda en Roma y en Saboya. Eran auditorio y aplauso España del un lado y Francia del otro.

Estaban cuidadosos estos dos grandes reyes, aguardando hacia dónde se inclinaba en las mudanzas y vueltas que hacía, para si por descuido cayese, recogerla cada una. Italia, advertida de la prevención del auditorio, para tenerse firme y pasear segura tan estrecha senda. tomó por bastón la señoría de Venecia en los brazos, y equilibrando sus movimientos. hacía saltos y vueltas maravillosas, unas veces fingiendo caer hacia España, otras hacia Francia; teniendo por entretenimiento la ansia con que una y otra extendían los brazos a recogerla, y siendo fiesta a todos la burla que, restituyéndose en su firmeza, les hacía. Pues estando entretenidos en esto, cógelos la hura, y el rey de Francia, desconfiado de su arrebatiña, para que diese zaparrazo a su lado, empezó a falsear el asiento del eje de la maroma, que estaba afir mado en Saboya. El monarca de España, que lo entendió, le añadía por puntales el estado de Milán y el reino de Nápoles y a Sicilia. Italia, que andaba volando, echó de ver que el bastón de Venecia, que, trayéndole en las manos, la servía de equilibrio, por otra parte la tenía crucificada, le arrojó, y, asiéndose a la maroma con las manos, dijo:

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