Read "La hora de todos y la fortuna con seso" by Francisco de Quevedo y Villegas online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
Venían tres franceses por las montañas de Vizcaya a España: el uno con un carretoncillo de amolar tijeras y cuchillos por babador; el otro, con dos corcovas de fuelles y ratoneras, y el tercero, con un cajón de peines y alfileres. Topólos en lo más agrio de una cuesta descansando un español que pasaba a Francia a pie, con su capa al hombro. Sentáronse a descansar a la sombra de unos árboles. Trabaron conversación. Oíanse tejidos el hui monsiur con el pesia tal y el per ma fue con el voto a Cristo. Preguntando por ellos el español dónde iba, respondió que a Francia, huyendo, por no dar en manos de la justicia, que le perseguía por algunas travesuras; que de allí pasaría a Flandes a desenojar los jueces y desquitar su opinión, sirviendo a su rey; porque los españoles no sabían servir a otra persona en saliendo de su tierra.
Preguntando cómo no llevaba oficio ni ejercicio para sustentarse en camino tan largo, dijo que el oficio de los españoles era la guerra, y que los hombres de bien, pobres, pedían prestado o limosna para caminar, y los ruines lo hurtaban, como los que lo son en todas las naciones, y añadió que se admiraba del trabajo con que ellos caminaban desde Francia por tierras extrañas y partes tan ásperas y montuosas, con mercancía, a riesgo de dar en manos de salteadores. Pidióles refiriesen qué ocasión los echaba de su tierra y qué ganancia se podían prometer de aquellos trastos con que venían brumados, espantando con la visión mulas y rocines y dando qué pensar a los caminantes desde lejos. El amolador, que hablaba el castellano menos zabucado de gabacho, dijo: