Explore "Guatimozín: Último emperador de Méjico" by Gertrudis Gómez de Avellaneda on Textopian. Read with annotations and highlights.
A mitad de aquella noche terrible, el hambre, la pestilencia de la atmósfera, la desesperación, en fin, llegada a su mayor altura, hacían salir del pequeño recinto que aun conservaban, a infinitas familias mejicanas. Unas se lanzaban al campo enemigo demandando la muerte a grandes gritos, otras se arrojaban al lago, cuyas orillas aparecieron a la mañana siguiente cubiertas de cadáveres.
«El agua salada que bebían (dice Cortés), el hambre, el mal olor de tantos muertos que estaban allí en montones, sin que hubiese donde poner los pies (porque en muchos días no echaron al agua ningún cadáver para que no topasen con ellos los bergantines y supiésemos su necesidad), todo había causado tal mortandad, que pasaron de cincuenta mil ánimas las que entonces faltaron. Las mujeres y niños se salían viniéndose a nosotros, y andaban ahogándose otros muchos en aquel lago donde estaban las canoas».