Explore "Guatimozín: Último emperador de Méjico" by Gertrudis Gómez de Avellaneda on Textopian. Read with annotations and highlights.
Mientras preparaba la más villana traición el fin desastroso que acabamos de referir al valiente príncipe de Tezcuco, Quetlahuaca experimentaba en Méjico inquietudes y temores que hacían honor a su previsión y prudencia, pues cuando algunos incautos mejicanos, enorgullecidos con su pasado triunfo, se creían a salvo de una segunda invasión española, el nuevo monarca se aprestaba a resistir nuevos y mayores peligros, temiéndolo todo de aquellos hombres que hasta en su derrota y fuga parecían auxiliados por un poder aterrador e invisible.
En efecto, la célebre batalla de Otumba, en que salieron vencedores contra todas las probabilidades, prestaba sobrado fundamento a los temores de Quetlahuaca, y era a sus ojos una clara señal de favor que dispensaba el destino a los atrevidos usurpadores. Sabido es que Cortés, fugitivo con las míseras reliquias de su pequeño ejército, debió a su intrepidez y su admirable serenidad una nueva victoria contra las numerosas huestes del imperio, que le iban persiguiendo resueltas a destruirle.