Read "La abadía de northanger" by Jane Austen online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
Desde aquel momento los tres amigos volvieron a hablar con frecuencia del mismo asunto, y Catherine pudo observar, no sin cierto asombro, que en la opinión de los dos hermanos la falta de posición y de fortuna de Isabella dificultaría, sin duda alguna, que la boda del capitán se llevase a cabo. Este hecho la obligó a reflexionar, no sin cierta alarma, acerca de su propia situación, puesto que ambos hermanos consideraban que la modesta posición de Miss Thorpe sería, independientemente de otras consideraciones de carácter moral, motivo de oposición por parte del general. Al fin y al cabo, ella era tan insignificante y se hallaba tan desprovista de fortuna como Isabella, y si el heredero de la casa Tilney no contaba con bienes suficientes para contraer matrimonio con una mujer sin dote, ¿cómo esperar que su hermano menor pudiera hacerlo? Las penosas reflexiones que en el ánimo de Catherine sugirieron aquellos pensamientos desaparecían cuando recordaba la evidente parcialidad, que desde el primer momento el general había mostrado hacia ella. La animaba también el recuerdo de sus generosas manifestaciones cada vez que hablaban de asuntos de dinero, y finalmente llegó a creer que tal vez los hijos estuvieran equivocados. Sin embargo, parecían tan firmemente persuadidos de que el capitán no tendría valor para solicitar personalmente el consentimiento de su padre, que acabaron por convencer a Catherine de que Frederick nunca había estado tan lejos de presentarse en Northanger como en aquellos momentos, y que en consecuencia no era necesario que ella se marchase. Al mismo tiempo, y puesto que no había motivo para suponer que el capitán Tilney, al hablar con su padre de la posible boda presentara a Isabella tal y como en realidad era, la muchacha pensó que sería conveniente que Henry le anticipase al general una idea exacta del modo de ser de la novia, de modo que éste pudiera formarse una opinión imparcial y fundar su oposición en motivos que no fueran la desigualdad de posición social de los jóvenes. Catherine así se lo propuso a Henry, quien no se mostró tan entusiasmado con la idea como habría sido de esperar.
-No -dijo. Mi padre no necesita que se le ayude a tomar decisiones, y no conviene prevenirle contra un acto de locura sobre el cual Frederick es el único que debe dar explicaciones.