Tirante el blanco by Joanot Martorell — Read

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Cuando el emperador ya se había ataviado llegó un correo que le trajo noticias de un doloroso e infortunado acontecimiento que hacía tres días que había ocurrido en el campo. La nueva, según explicó el correo, era la siguiente: el duque de Macedonia y el de Pera muchos días salían a batallar contra los turcos como capitanes que eran. Cuando los turcos entraban dentro del territorio de la ciudad de San Jorge, los cristianos dejaban ir las aguas del río y de las acequias y, como la tierra era muy arcillosa, los caballos no podían salir y mucho menos los hombres de a pie. Por eso, por cada diez cristianos que morían, morían trescientos turcos. Un día los turcos decidieron ir con cuatro mil peones con azadas y capazos, pinos, vinagre y fuego, para intentar desmontar una montaña para que el agua se recogiese por un río seco que había allí. A una legua de donde estaban los turcos había un lugar despoblado que tenía parte de su muro derruido. Una noche toda la gente del sultán y del Gran Turco fue a pie hasta aquel lugar despoblado mientras la gente a caballo se escondió dentro de un bosque que se hallaba a media legua. Por la mañana, los espías vinieron a nuestro campamento y notificaron a los capitanes la llegada de los turcos y, después de reunido el consejo, decidieron presentarles batalla.

Al saber que los enemigos querían romper la montaña, los cristianos fueron hacia aquella parte y presentaron batalla en la cual murió mucha gente de una parte y de la otra. Casi al mediodía, cuando los turcos vieron que los acechaban demasiado, dejaron las armas y huyeron hacia el paso. Los cristianos los siguieron y cuando llegaron al paso, el agua era tanta que solamente con grandes trabajos y peligros pudieron pasar. Para perseguir más rápidamente a los turcos, los que iban a caballo empezaron a galopar y dejaron a la gente de a pie atrás. Entonces los turcos se recogieron dentro del lugar despoblado, pero que en realidad estaba muy poblado en perjuicio de los cristianos. Como los turcos se hicieron fuertes donde estaba el muro roto, el duque de Macedonia dijo que no era conveniente seguir adelante, pero el duque de Pera, movido por la envidia, replicó:

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