Tirante el blanco by Joanot Martorell — Read

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El caudillo mandó dar a Tirante el mejor caballo que tenía, armas y mucho dinero y, después de esto, Tirante compró una vieja hiel de ballena; cogió mercurio, salitre y vitriolo romano y, con otros materiales, hizo un ungüento que puso en una caja y lo dio a su señor. Entonces partieron secretamente del castillo, pasaron el río y, durante la noche, entraron en el otro castillo. Este castillo distaba un cuarto de legua del castillo en el que se encontraba el rey de Tremicén. Tirante observó que sobre el río había un gran puente de piedra y que los enemigos habían acampado en medio de una gran huerta, de manera que no había nadie que osase cruzar el puente. Entonces Tirante pidió al caudillo que le recomendase un moro de confianza y que le hiciese dar doscientos carneros. Cuando los consiguió, Tirante se puso una capucha de pastor para dar a entender que era el mozo del otro.

El rey Escariano no tomaba en consideración a sus enemigos porque pensaba que no le podían hacer daño y porque él tenía mucha gente de armas y había sido el vencedor de la batalla. Tres veces al día hacía disparar treinta y siete bombardas, grandes y pequeñas, de manera que ya habían derribado más de la mitad del castillo; pero también había ordenado que los que llevaban víveres fueran vigilados en todo momento.

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