Explore "Tirante el blanco" by Joanot Martorell on Textopian. Read with annotations and highlights.
Una vez el virtuoso capitán hubo terminado el consejo con los magnánimos reyes, duques, condes y barones sobre la respuesta que convenía dar a los embajadores del sultán y del turco donde fue decidido que la majestad del emperador tenía que ser consultada, Tirante pensó que aquélla era la oportunidad que tanto deseaba para ir a ver y a hacer reverencia a aquélla que tenía su alma cautiva. Por eso decidió ir solo y secretamente a hablar con el emperador de aquel negocio de tan gran importancia para conocer su voluntad y determinación, ya que de su postura se podía seguir no solamente un gran beneficio a todo el imperio griego sino también un descanso tranquilo para él en brazos de su señora.
Al llegar la noche oscura, Tirante habló con el rey de Sicilia y con el rey de Fez, los dejó a cargo del campo y se dirigió, con una galera, hacia Constantinopla, que distaba veinte millas del campo de Tirante. El virtuoso capitán llegó al puerto cuando eran las diez horas de la noche y se disfrazó para bajar a tierra solo. Entonces mandó al patrón de la galera que no partiese de allí y, cuando llegó al portal de la ciudad, dijo a los guardias que le abriesen porque era un servidor de Tirante que venía a hablar con el emperador. Al llegar a palacio, le dijeron que el emperador se había acostado. Entonces Tirante fue a la habitación de la reina de Fez y la encontró haciendo oración. Cuando Placerdemivida lo vio, lo reconoció enseguida, fue a abrazarlo y besarlo y le dijo: