Explore "Los tres sorianitos" by José Ortega Munilla on Textopian. Read with annotations and highlights.
En vano se acostó Próspero sobre el lecho de ramajes. Dolorido el cuerpo, extremecida el alma, no podía lograr el sueño. Fue una noche terrible, el martirio del hombre bueno entre los malvados. Acordóse Próspero Cerdera de la Virgen de Pareduelas-Albas y la invocó con amor infinito, con ternura inmensa… Cada una de las palabras de la Salve, marchaba, rociada de lágrimas, en la dirección del Cielo. En la madrugada, la inmensa fatiga corporal, el derroche de los tesoros de su sistema nervioso le impusieron el sueño. ¿Sueño?… No se puede llamar dormir a la caída en el letargo, en un letargo dolorosísimo y angustioso…
Y así vivió Próspero varios días, sin darse cuenta exacta de su situación. El hambre le obligó a buscar en el cestillo la comida que le enviaban los secuestradores. Comió, bebió: la edad moza daba a las energías físicas todos los derechos que hubieran negado a un viejo decadente.