Explore "Lucio Tréllez" by José Ortega Munilla on Textopian. Read with annotations and highlights.
Cristeta agonizaba. Decíanlo la lámpara nocturna con su débil, deslustrada luz; el ambiente de la estancia con su aroma de éter y tila evaporados; los muebles con su desorden; la gente de la casa con su triste y desesperada agitación. La alcoba permanecía completamente obscura, y en medio de sus sombras escuchábase un aliento cansado y resonante, besos y sollozos. La mesa circular de mármol cargada de papeles, periódicos ilustrados, libros con láminas y ramos de flores, tenía polvo de una semana; el azogado cristal del espejo, devolvía las imágenes de los objetos que llenaban el cuarto, como a través de una gasa blancuzca: tanta era la cantidad de pulverulentas moléculas que sobre él habían caído. Las sillas, de fino raso azul, con armadura de ébano, hallábanse desordenadas; las butacas, reunidas junto al balcón, con sus fundas de lienzo, arrugadas y fruncidas en pliegues mil, expresaban que poco antes habían servido de lugar de descanso a varias personas que estuvieron hablando detrás de las vidrieras. Todo tenía fisonomía de dolor: hasta el venerado Cristo de madera que estiraba su cuerpo amarillo en un rincón del gabinete en santo desperezo, dejaba caer de sus benditos y divinos labios, con el balbuceo tembloroso de la luz que a sus pies en un vasillo de vidrio ardía, estas palabras. «La muerte descendió de su carro. Ha armado su hoz. ¡Vais a sentir su golpe!»
Sobre el lecho, de madera amarilla torneada, en un almohadón, se veía hundida aquella preciosa cabeza rubia, en la que ya tenía grabado su sello la muerte. Era una niña, un ángel. Espesa madeja de oro caía por el almohadón, y sobre él se destacaba la tez linfática del rostro, amarillenta hacia las sienes, lívida hacia la boca, rosada sobre las mejillas, blanca cual la nieve en la barba. Su nariz abría levemente las ventanillas delicadas, en que serpeaban las venas azules, con un temblor nervioso, y en la sien latía vehemente un vaso sanguíneo, como palpitaciones fuertes de bordón que el dedo del músico pone en movimiento sonoro.