Lucio Tréllez by José Ortega Munilla — Read

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No dejó de extrañarle a Lucio que aquella noche, al llegar a su casa, de la de Ustáriz, le diesen una carta que acababa de traer un criado de don Adrián. Era una carta de Anatolio, en que le citaba para las diez de la noche en uno de los cafés más céntricos de Madrid. Llenose de curiosidad con lo extraño de aquella cita, tanto más anómala por el modo como se la daba, y no acertaba a explicarse el por qué no le había dicho ni una sola palabra de ella Anatolio, cuando cinco minutos antes le vio en su casa. En resolución: no dándola gran importancia, y atribuyéndola a cualquier pueril capricho del joven, dispúsose, sin embargo, a acudir a ella.

Mil preguntas le hizo su madre sobre la salud de Ustáriz y de su hija. Ésta seguía más aliviada, pero en un estado terrible de postración y abatimiento, sin fuerzas para moverse, sin espíritu ni ánimo para levantarse del lecho. Todas las noches de insomnio, durante las cuales el dolor azotó aquellos nervios, obligándoles a mantenerse vigilantes, contra toda idea de reposo, reclamaban ahora su parte de descanso, sus ratos de dormir, y envolvían a Rosario en una atmósfera pesada y caliginosa, poblada de visiones y negruras. Don Pero también preguntó muchas cosas a Lucio, sin olvidar en su interrogatorio al hijo de Ustáriz, de quien hablaba siempre con profundísimo desdén. Los buenos viejos se consultaban con la mirada al acabar sus respuestas Lucio, y mil cosas se decían sus ojos alegres y sonrientes.

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