Explore "Alma vasca" by José María Salaverría on Textopian. Read with annotations and highlights.
Todas las mañanas, próximo al mediodía, se oye la voz fresca, ligeramente engolada, de Cataliñ. Se detiene unos minutos en la venta, y es como si llegase una ráfaga de feminidad trascendente, o como una expresión de la belleza integral. Trae de la ciudad las cartas, los encargos, y esta misión de portadora y recadista no es sólo la que hace deseable su llegada; es ella misma, por sí misma, quien se hace desear.
Su voz, su risa, su aire, rompen el silencio de la carretera, y la perturban deliciosamente. Y mientras los boyeros, con malicia cazurra, aluden a su garbo y le insinúan algún piropo, ella va y viene, toda ruborizada, sin dejar de hablar. La misma turbación pone en sus mejillas un vivo color de juventud desbordante, y sus ojos, siempre reidores, entonces brillan como dos animadas joyas.