Explore "Amalia" by José Mármol on Textopian. Read with annotations and highlights.
Una hora después, el soberbio alazán que había llegado a la quinta a gran galope, volvía paso a paso en dirección a la ciudad, llevando a su dueño, no con la cabeza erguida y los ojos vivísimos como una hora antes, sino con la cabeza inclinada al pecho y casi cerrados sus hermosos ojos.
Al verlo así, cualquiera diría que era un joven indolente, cuya organización voluptuosa salía a gozar de los rayos acariciadores del sol de agosto en aquel riguroso invierno de 1840, prefiriendo el paseo a caballo, para no poner sus delicados pies sobre las húmedas arenas de Barracas.