Explore "La majestad caída" by Juan Antonio Mateos on Textopian. Read with annotations and highlights.
¡La ciudad dormía, la historia estaba en vela!
Envuelto en las sombras de la noche, un hombre, rodeado de un pequeño séquito, llegó a la estación desierta de San Lázaro. Entróse con la comitiva a un vagón, oyóse el alarido de la locomotora y el tren se lanzó con su resplandor de chispas, sobre la vía, como si huyera entre las sombras de la noche de las persecuciones del destino. En una tregua de los dolores físicos y abrumado aquel hombre por la violenta lucha de las emociones, cayó en una especie de letargo, sueño reparador que lo aislaba en la vaporosa región de la indiferencia y del olvido. Cuando abrió los ojos, reclinó su frente en el marco de la ventanilla y su pecho se dilató con una inspiración convulsiva. En ese instante vio pasar como arrebatados con la película del cinematógrafo, los espléndidos paisajes de aquella sierra: las colinas, las llanuras, los bosques que parecían girar en torno del diamantino pico de Orizaba, penetrando en los campos de desolación que quedaban siempre atrás en la rápida marcha de la locomotora. Aquel constante descanso que se hace desde la altura de las cumbres abiertas con el lujo de la vegetación tropical, hasta los cereales de la costa mexicana, eran como la representación e imagen de su destino. Después, a cada mutación del paisaje, los toques de luz en la perspectiva de la floresta, el brillo de un torrente, las flores que tiemblan, las grietas de los basaltos, los vapores errantes, el aspecto del cielo, todo suscitaba en su memoria la imagen de un pensamiento guerrero, cuando enmedio de esos paisajes, la naturaleza en aquellas horas derramaba también sus encantos. Veía fulgurar en los rayos del sol el oleaje de los aceros y flotar entre el humo de los cañones esa bandera con la que se había desposado en los campos de batalla; y saludada por los ritmos de los clarines. Pensó en la patria… Ante este nombre desaparecieron todos los sueños de la ambición vulgar…