Explore "El diablo en México" by Juan Díaz Covarrubias on Textopian. Read with annotations and highlights.
Es una noche de julio.
Alumbra la Luna con sus pálidos y tembladores rayos un jardín de San Ángel. Suspira la brisa en las ramas, murmura dulcemente el arroyuelo, canta un ave en su nido, derraman las flores aromas que adormecen. La vista se pierde en calles de rosas, de dalias, de camelias, de arrayanes, perfectamente alineadas y cubiertas de arena. Las ramas de los sauces, de los tilos, de los manzanos parecen los brazos de un esqueleto. La amorosa yedra cubre con un verde tapiz las tapias. Los sauces al mover sus hojas por el viento, parece que se quejan tristemente. Vierten sus perfumes los azahares, las violetas, los claveles, los nardos, los jazmines, las flores de la magnolia. Las gardenias se duermen blandamente en el seno de los mirtos. Las trinitarias y las azucenas se querellan de amor con los tulipanes y los geranios. Las doce calles del jardín van a terminar a una fuentecilla de mármol, que vierte ocho chorros de agua por la boca de ocho silfos. Sus cuatro ángulos están ocupados por cenadores en los que la yedra y la mosqueta forman un verde y perfumado tapiz. En cada uno de esos cenadores hay, formado en la circunferencia, otro pequeño jardín por macetones y tiestos de exquisitas flores, y en el centro hay alrededor de una mesa fija a la tierra, un banco de madera. La casa ocupa una ala del huerto y de cada lado hay un pabellón al que se sube por una escalenta de piedra.