Explore "Gil Gómez el insurgente" by Juan Díaz Covarrubias on Textopian. Read with annotations and highlights.
Si el lector tiene buena memoria, recordará que hemos dejado en el capítulo primero a Gil Gómez, después de haber vencido a Leal en lucha de astucia, corriendo a dar parte a Fernando del resultado de su misiva.
Era la medianoche, la Luna después de haber luchado durante algún tiempo con las nubes que intentaban velar su brillo, había aparecido por fin, fulgurosa y radiante, iluminando con su cuanto pálida, suavísima luz, la extensión de los silenciosos campos de San Roque; Fernando y Gil Gómez, después de haber descendido del ventanillo del aposento del último, salvaron con precaución la pequeña tapia que limitaba el jardín de la casa de Clemencia, y se deslizaron sin hacer el menor ruido hasta una especie de cenador, o más bien invernadero, que el doctor había hecho construir allí. Más de un cuarto de hora esperaron, sombríos, preocupados, sin hablarse una palabra, hasta que por fin, Fernando interrumpió el silencio diciendo a Gil Gómez: