Jeromín by Luis Coloma — Read

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Esperaban mientras tanto en el puerto de Mesina la llegada de Don Juan de Austria Marco Antonio Colonna y Sebastián Veniero con las flotas pontificia y veneciana. Impacientaba esta tardanza a los dos generales, y muy en especial a Veniero, viejo de setenta años, irascible, vehemente y fiero, que veía con zozobra adelantarse la estación y consumirse los víveres en aquella inútil holganza. Participaba Colonna de sus impaciencias y temores, y un golpe atroz vino a turbar más todavía su ánimo en aquellos momentos supremos. Murió repentinamente en Roma su hija, la angelical Giovanna Colonna, duquesa de Mondragone, y esta desgracia inesperada sumió a Marco Antonio Colonna en dolor inmenso. Retirose a su galera capitana sin querer ver a nadie, y mandó embadurnar de negro todas las de su flota, teñir del mismo color las cuerdas y velas y cubrir con crespones las farolas, escudos y enseñas. Aquella sombría y enlutada flota, anclada en el puerto, túvose en Mesina por fúnebre presagio, y los siniestros rumores que corrían de nuevas depredaciones de los turcos en Corfú y formidables aprestos de su flota para cargar sobre Sicilia, causaron tan inquieta alarma en aquel pueblo supersticioso y fantástico, que no bastaron para calmarle ni el anuncio de la salida de Don Juan de Nápoles ni los suntuosos preparativos que hacían para su recibimiento.

El 23 de agosto, a media mañana, divisaron los vigías sicilianos una flota numerosa que navegaba a toda vela con rumbo hacia el faro. Renació en unos la esperanza y creció en otros el espanto, porque mientras las gentes sensatas y juiciosas tenían por cierto que era aquélla la esperada flota de Don Juan de Austria, empeñábase el vulgo ignorante y vocinglero en que era la temida del Turco y alborotaba la ciudad con sus gritos y carreras. Salieron al encuentro de la que llegaba las dos flotas, pontificia y veneciana, y al zarpar del puerto las enlutadas naves de Colonna levantose grande clamoreo entre el supersticioso populacho, pidiendo con luctuosos gritos que si salían no volvieran, porque aquella flota negra sólo podía traer a Mesina la desolación y la muerte. Dos millas antes de la entrada del estrecho encontraron las dos flotas a la del generalísimo Don Juan de Austria, siendo igual por ambas partes la alegría y el entusiasmo. Salió Marco Antonio por primera vez de su cámara de la capitana, y subió a la galera real para besar la mano a Don Juan de Austria; mas corrió éste al encuentro del afligido padre y recibiole en sus brazos, estrechándole largo tiempo contra su pecho. Era Marco Antonio Colonna el tipo del gran señor italiano de su tiempo: alto, esbelto, de porte distinguidísimo; el rostro ovalado, la espaciosa frente calva y los largos bigotes entrecanos, a pesar de no contar sino treinta y cinco años. Tenía corazón magnánimo, elevada inteligencia, valor extraordinario y alma de poeta.

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