Jeromín by Luis Coloma — Read

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Conmovió profundamente el gran corazón de Don Juan de Austria el infortunio de los hijos de Alí, y mandó que, sin separarlos de su ayo, Alhamet, ni de sus criados, que eran cinco, les llevasen a la galera real para tenerlos él a la vista y protegerlos y consolarlos, lo cual dio motivo a un episodio que pinta de cuerpo entero el carácter caballeresco, grande y compasivo del vencedor de Lepanto.

Contaba el mayor de los hijos de Alí, Ahmed-Bey, dieciséis años, y era hermoso, robusto, varonil y arrogante. Sumiole su desgracia en una muda y sombría desesperación que no estallaba nunca, sino se le reconcentraba en el pecho, tornándole arisco, duro, agresivo, sin más idea ni más ansia que la de escapar, como pájaro salvaje encerrado en una jaula. El menor, Mahomet-Bey, era, por el contrario, una criatura de trece años, expansiva, cariñosa, que sin comprender toda la extensión de su desgracia, volvía a todas partes sus ojos inocentes buscando dondequiera protección y cariño; y como ambas cosas encontraba en Don Juan de Austria, apegose a él tiernamente. Humillaba esto el orgullo de su hermano, y como le viese un día sobre cubierta jugando con la monilla[26] de Don Juan, arrancole violentamente el animalejo, diciéndole una frase turca de horrendo laconismo, que pudiera traducirse en castellano:

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