Explore "Jeromín" by Luis Coloma on Textopian. Read with annotations and highlights.
Mientras tanto, la toma de Túnez hacía patente a toda la Europa lo profundo de la herida que recibieron en Lepanto el crédito y poderío de las armas otomanas. Aquella formidable derrota fue, sin duda, un desastre para los turcos; pero desastre glorioso por las proezas de valor que ellos hicieron y el esfuerzo titánico que costó a los vencedores alcanzar el triunfo. Mas la huída de Túnez sin disparar un solo tiro, a la sola presencia de Don Juan de Austria, y pasados ya más de dos años de aquel rudo escarmiento, manifestó cuán hondo había calado el pánico en el ánimo de los infieles y cuánto había crecido a sus ojos el valeroso prestigio de los cristianos, y en particular de los españoles. Hería todo esto cruelmente el inmenso orgullo de Selim, y con rabiosa ansia deseaba tomar el desquite reconquistando a Túnez y la Goleta. Instábale con rencoroso afán a esta jornada Aluch-Alí el Tiñoso y el renegado Mustafá, uno de los ingenieros que construyeron la Goleta en tiempo de Carlos V; llamábase este traidor Jacobo Zitolomini, y, resentido por desprecios y negativas que recibiera de Felipe II, huyose a Argel al lado de Aluch-Alí, y llevado por éste a Constantinopla, reveló a Selim un secreto y seguro modo de tomar la Goleta.
A principios de mayo (1574) recibió Don Juan de Austria aviso urgente de Gabrio Cervelloni de que aparejaban los turcos una muy poderosa armada que se temía cayese repentinamente sobre Túnez y que, en previsión de esto, le enviase a toda prisa recursos para terminar la fábrica del nuevo fuerte, aún no concluido. Hallábase Don Juan en Vegoven concertando los disturbios de Génova, y apresurose a enviar a Madrid al proveedor de Marina Juan de Soto para notificar a Felipe II el peligro que amenazaba. No pareció éste alarmarse demasiado, y quizá no vio en todo ello sino una ocasión pronta y segura de salir de aquel embarazo y cuidado de Túnez. Su respuesta manifestó, por lo menos, que era esta nueva conquista la menor de sus preocupaciones, pues mientras escribía al cardenal Granvela, virrey de Nápoles, y al duque de Terranova, regente de Sicilia, que vigilasen los puertos y reforzasen las guarniciones, principalmente en Mesina, Augusta, Siracusa, Trápana y Palermo, contentábase con añadir que no se olvidasen de socorrer a su hermano, y mirar por las cosas de Berbería. Mandó también a don García de Toledo y al marqués de Santa Cruz que vigilasen el modo de presidiar Don Juan la Goleta, y a éste escribió hiciese lo que mejor juzgase convenir a aquel particular, pero que tuviese en cuenta le habían dicho que bastaban dos mil infantes para defensa de la Goleta.