Jeromín by Luis Coloma — Read

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Salió al fin Don Juan a campaña con todos los bríos de su natural esforzado, y de sus deseos por tanto tiempo comprimidos en aquella lucha continua con sus consejeros, todos en pugna, que tan gráficamente pintó don Diego Hurtado de Mendoza en su lacónica y famosa carta al príncipe de Éboli: «Ilustrísimo Señor: Verdad en Granada no pasa; el señor Don Juan escucha; el duque (Sessa) bulle; el marqués (Mondéjar) discurre, Luis de Quijada gruñe; Muñatones apaña mi sobrino[14], allá está, y acá no hace falta.»

Envió, pues, Don Juan un Cuerpo de Ejército hacia las Alpujarras, con el duque de Sessa al frente, y arremetió él con el otro: lo primera a Guéjar, madriguera formidable donde tenían los moriscos uno de sus principales centros de operaciones, reforzado entonces con turcos y moros berberiscos. Cayeron allí de improviso siguiendo las hábiles maniobras por Don Juan combinadas, y apoderándose del lugar del castillo con menos pérdidas y dificultades que las que se temían.

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