Explore "Pequeñeces" by Luis Coloma on Textopian. Read with annotations and highlights.
Aquel golpe terrible no anonadó a Currita, ni le infundió tampoco el extraño sentimiento, mezcla de pavor y de ira, que al recibir en Loyola un bofetón semejante la había obligado a confundirse, y a humillarse, y a callar… Detrás de la mano de Pedro Fernández había visto entonces la mano de Dios, que le impedía profanar con el escándalo de su vida su santa casa, y detrás del bofetón del mayordomo de Palacio tan sólo veía la mano del rey, que no era para ella una idea, sino un hombre, contra el cual se podía luchar y al cual se le podía también vencer.
Mas harto comprendió desde el primer instante, con la rápida percepción de su claro entendimiento y su mucha práctica de mundo, que en vano emplearía todas las astucias de su ingenio, todos los atrevimientos de su audacia y todos los recursos de su dinero en atraerse de nuevo a sus amigos y a formar en torno suyo aquella brillante corte que era la médula de su vida, porque era también la de su vanidad. Nada arrastra tanto como el ejemplo de un príncipe, capaz por sí solo de salvar o perder a una sociedad entera, y la severa repulsa dada a Currita en Palacio, justa en medio de su severidad, que si de algo pecaba era sólo de tardía, había de arrastrar sin duda a Madrid entero, derrumbando a la ilustre dama desde la altura de su gloria, con todo el estrépito de los grandes escándalos, con todo el ensañamiento con que del árbol caído se apresuran todos a sacar leña.