Explore "El fistol del diablo" by Manuel Payno on Textopian. Read with annotations and highlights.
Dejaremos a las dos muchachas, a la una encerrada en el convento y a la otra lamentando su pobreza y su soledad, y hablaremos de Celeste, a quien hemos olvidado en los caminos de la Sierra a México, mientras que sus protectores se dirigieron a Tampico, donde, como se ha visto, pudieron afortunadamente salvar a Teresa.
Hemos dicho en alguna parte, que el padre Anastasio, hombre morigerado en su vida, trabajador y económico, había recogido el fruto de estas virtudes, reuniendo no grandes riquezas, sino lo que vulgarmente se llama un capitalito, es decir doce o quince mil duros, que son nada para hombres derrochadores, como por ejemplo, nuestros amigos Arturo y Manuel, pero que forman un verdadero tesoro para muchas de las familias modestas de la clase media, que encuentran modo de girar el dinero y pasarse una vida alegre y cómoda, aunque sin ostentación ni aparato.