Explore "El fistol del diablo" by Manuel Payno on Textopian. Read with annotations and highlights.
Mientras que la música, el amor y el regocijo habían reinado en lo interior del espléndido salón del teatro, la tempestad y los relámpagos habían surcado el cielo, y la lluvia había casi anegado las calles de la ciudad. Cuando Arturo salió del baile, los primeros rayos del sol comenzaban a disipar los negros nubarrones que durante la noche habían reposado sobre los edificios. El azul de las montañas con que termina la vista de las hermosas y rectas calles de México, estaba limpio y brillante, y por la cima de las mismas montañas asomaban los rayos de la luz nacarada de la aurora, que teñía de oro y de gualda las nubes que iban alejándose precipitadamente.
Las calles estaban mojadas, el viento húmedo y penetrante; muchas de las casas cerradas y silenciosas. Se veía una que otra anciana que salía de la puerta de su casa, o los criados y artesanos que, envueltos en sus largos sarapes, se dirigían a sus quehaceres. Se escuchaba el sonido de dos o tres campanas, que llamaban a misa, y a este sonido pausado y religioso se unía sólo el mugido de las vacas, que se ordeñan todos los días en las plazas de la ciudad.