Explore "Los bandidos de Río Frío" by Manuel Payno on Textopian. Read with annotations and highlights.
Apenas tuvo tiempo Cecilia de echarse las enaguas de seda amarilla y castor rojo, que tenía cerca, y cubrirse el seno con su rebozo, cuando asomó la cabeza por la puerta de la recámara el licenciado Lamparilla.
Siempre que convenía a sus miras e intereses, buscaba y encontraba un pretexto para aparecerse en casa de sus clientes y conocidos el día que menos lo esperaban, ya fuese en casa de doña Pascuala, ya en la del licenciado Bedolla, ya en la de Cecilia; y procuraba caer a las horas de almorzar o de comer, seguro de que lo habían de tratar a cuerpo de rey; y así sucedía efectivamente. En esta vez el motivo de su visita era para él muy importante.