Explore "Los bandidos de Río Frío" by Manuel Payno on Textopian. Read with annotations and highlights.
El entierro fue en las primeras horas de la mañana y el cadáver de la condesa, llevado en un ataúd forrado con terciopelo negro y plata en hombros de los criados, seguido del mejor carruaje y depositado en el sepulcro de la familia en la capilla de Aranzazú, de la que habían sido bienhechores los condes del Sauz. El palacio de la calle de Don Juan Manuel se tapizó de negro, con lazos de crespón blanco, desde los corredores hasta el cuarto del portero; don Diego, manifestando un sentimiento templado con la conciencia de su grandeza, recibió con una perfecta urbanidad a las numerosas visitas que durante los nueve días acudían a darle el pésame. La calle, de un extremo a otro, estaba llena de carruajes.
El domingo siguiente al en que terminaron los nueve días, se hicieron en la iglesia mayor de San Francisco unas honras magníficas, cantándose el oficio de difuntos y los salmos, acompañados de las orquestas de la Catedral y de la Colegiata de Guadalupe. Todo México asistió a esta fúnebre función, y no se recordaba que otra mejor se hubiese celebrado hacía muchos años. La mayor parte de los que visitaron al conde y asistieron a las honras, decían: