Explore "Los bandidos de Río Frío" by Manuel Payno on Textopian. Read with annotations and highlights.
Cuando sacaron del bolsillo los cuatro reales y medio y cuartilla, él mismo dudó un momento de su honradez y pensó que tal vez había robado o que lo abandonaba la Providencia que había forjado en su primitiva, en su ruda conciencia. Cecilia misma dudó también, y se lo quedó mirando con una especie de lástima. Lo que impresionó a Juan de una manera horrible, fue la idea de que Cecilia lo creyese culpable. Instintivamente conocía que era su único apoyo en el mundo y que, si lo perdía, no tendría a quién acudir en lo humano. Se le llenaron los ojos de lágrimas, y limpiándose con el revés de la mano y haciendo después la señal de la cruz se volvió a Cecilia, y con un acento de verdad y de firmeza que impresionó momentáneamente al mismo San Justo, le dijo:
-Doña Cecilia, por esta Santa Cruz le juro que yo no he robado nada; el dinero que estaba en mi bolsa era mío, lo gané ayer; el licenciado me dio una peseta; el otro señor que es del palacio, otra peseta, y medio y cuartilla la cocinera de la Calle de San Bernardo, a la que llevé los quesos y la mantequilla como cada semana.