Explore "Los bandidos de Río Frío" by Manuel Payno on Textopian. Read with annotations and highlights.
Imposible de creer que en una ciudad como la capital de la República Mexicana, situada en la mesa central de la altísima cordillera de la Sierra Madre, pueda haber un puerto. Pues lo hay muy importante y concurrido. Es el puerto de los lagos del Valle, lagos que, si en la estación de las lluvias amenazan derramarse sobre la ciudad por falta de las obras hidráulicas necesarias para contenerlas y darles salida, contribuyen, como lo dijo el barón de Humboldt, a que el clima de México sea uno de los más suaves y benignos del globo.
Tendidos en el Valle, como inmensos espejos donde se retratan las altas montañas, saturan la atmósfera de la humedad necesaria, aumentan la belleza del paisaje, proporcionan trabajo y alimento a la clase indígena, y medios fáciles de comunicación con las poblaciones situadas en un radio de diez o doce leguas. Quietos y tranquilos en el invierno, en el verano las tempestades y trombas de las montañas vienen a descargar en ellos el horroroso estrépito de rayos, granizo y viento, y sus aguas, aumentadas considerablemente de volumen, levantan olas como las de la mar, que no pocas veces han hecho naufragar escuadras enteras de canoas cargadas con los granos y productos valiosos de las haciendas de Chapingo y Tepetitlán.