Amores by Ovid

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He sufrido mucho y por largo tiempo; tu perfidia acabó con mi paciencia: amor bochornoso, huye de mi pecho quebrantado. Al cabo ya soy libre, ya rompí las cadenas, y me avergüenza haber soportado tanto desprecio sin rubor. Vencimos y pisoteamos al tirano que nos esclavizaba, tarde sentí él ultraje d e mi altiva frente. Sufre y endurece tu condición: acaso el dolor te sea algún día de provecho; un jugo amargo fortalece en mil ocasiones, al viajero cansado. ¿Conque después de verme rechazado cien veces de tu puerta, yo, hombre libre, llegué a reposar en sus umbrales?; ¿con que yo, como un esclavo, me constituí en guardián de tu casa cerrada, en tanto que estrechabas en tus brazos a no sé qué rival? He visto a tu amante que salía rendido de allí, con paso inseguro, como un inválido del servicio; pero esto es una nonada en parangón del sonrojo que sentí al verme descubierto por él : que ese oprobio confunda a mis enemigos. ¿Cuándo dejaste de verme a tu lado en los paseos, siendo tu defensor, tu amante y tu fiel compañero? Todos saben que por mis cantos llegaste a ser querida del pueblo, y que nuestro amor fue el principio de otros muchos amores. ¿A qué recordar los torpes embustes de tu pérfida lengua, y los juramentos hechos a los dioses que en m¡ daño burlaste?; ¿a qué insistir en las secretas señales de los jóvenes que asistían al festín, y los signos convenidos para descifrar la intención de las palabras?; Me dijeron que estaba enferma; como un loco corrí precipitado, llegué, y vi que no estaba enferma para mi rival, Insensible toleré estos sofiones y otros que me callo; búscate al que quiera desde hoy tolerarlos por mí. Ya he ceñido mi nave con la corona votiva, y segura en el puerto, oye el estruendo de las olas, Cesa de prodigarme tus caricias y tus palabras, otros días poderosas; no soy un estólido como antes lo fui.

Siento mi corazón versátil luchar de una parte con el amor, de la otra con el odio, y sospecho que vencerá el primero. Si puedo, odiaré; si no, amaré mal de mi grado; tampoco el toro ama el yugo, y lo sobrelleva aborreciéndolo. Huyo su perfidia, y su beldad me impide la fuga; aborrezco sus perversas mañas y amo la gentileza de su cuerpo. Así, no puedo vivir sin ti, ni contigo, y yo mismo no sé lo que deseo. Quisiera que fueses menos hermosa o menos falaz: tanta hermosura no encaja bien en tan ruines costumbres. Tus actos merecen mi odio, tu rostro se capta ni¡ amor; desventurado de mí, que doy más precio a los hechizos que a las falsías. Perdóname, por los derechos del tálamo que compartimos; por todos los dioses, que consienten tus repetidos engaños; por tu cara, que admiro como la de una suprema divinidad, y por tus ojos, que cegaron los míos. Seas como fueres, serás siempre mi amada; elige entretanto si quieres que te quiera de corazón o que te ame por fuerza. Desplegaré mejor las velas, y aprovecharé los vientos que las impulsan : pues aunque lo rehuse, me veré obligado a amarla.

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